"La educación es un acto de amor...

por tanto un acto de valor." solía comentar Freire...




La docencia no es para todos y no todos son para la docencia, sin duda ésta es una profesión que requiere más que ciertas horas al día. Ser maestro es un estilo de vida, -claro, solo para aquellos que la aman-.
Ser maestro es llegar todos los días a un aula con alrededor de 25-30 miradas distintas, pequeñitos deseando contarte todo lo que ocurrió en su tarde anterior, queriendo hacerte saber si su mascota ya tuvo crías, sí su mamá cocinó algo delicioso, sí su papá llegó cansado de trabajar.

Ser maestro es sentir mucho amor dentro de ti, mucho amor para repartir y sembrar lo más bonito en cada uno de tus alumnos, sobre todo en quien más lo necesita.

Ser maestro es tener miradas de complicidad con tus alumnos y muchos abrazos para dar, verlos y sentir y agradecer que pasas las mañanas con ellos porque sin duda hacen tu día mucho mejor y más divertido.
En la escuela, en el aula no hay rutina ni día suficientemente aburrido como para no regresar, todos los días son una nueva aventura, siempre hay una ocurrencia o idea nueva que te pude sacar una sonrisa.

Ser maestro es estar consciente de que necesitas poner todo de tu parte para llegar fresco y dejar todo lo que aqueja tu vida personal fuera del aula, porque esas almas con las que tratas todos los días no tienen la culpa de lo compleja que se torna la vida en ocasiones.

Ser maestro es preocuparte por esos alumnos en situación vulnerable, ser maestro es ver a cada alumno como individuo capaz de lograr grandes cosas y no como alguien que tiene que cumplir ciertos “niveles” o aprendizajes.

Ser maestro es dar todo de ti, siempre. Ser maestro es emocionarte por el más mínimo logro. Ser maestro es buscar y buscar maneras para hacer que las cosas funcionen. Ser maestro es ser consciente del impacto que tienes en tus alumnos y el que tendrás en el resto de su vida.

Ser maestro no es saber todo ni ser erudito, ser maestro es tener siempre disposición para aprender, es no perder jamás la capacidad de asombro y abrazar siempre al niño interno.

Y si difieres un poco de lo anterior, probablemente estés en el lugar equivocado, corre, busca lo que te apasiona y hazlo una forma de vida, pero por favor, no te quedes ahí para cortar alas, amoldar pensamientos, para coartar libertades.

¡Gracias por leer!
Y, ¡Feliz día maestro o maestra!
Abrazo.

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