Los peores días en el preescolar

Como en todo, en la docencia hay días buenos y malos... hoy me interesa hablar de los no tan buenos. 

¿Que si lloré?, sí, si me rompió el corazón jaja :(

Sin afán de martirizarme o satanizar esta clase de días, he decidido contarles mi día de mayor desgracia para que se puedan sentir mejor en un muy mal día o simplemente para que se rían un ratito, ¡ja! Hay un día memorable en el que me he sentido fatal, de esos días que te hacen replantearte sí es que estás en el lugar correcto, de esos días en que preferirías haberte muerto de chiquita jajaja (broma) pero bueno, la idea es hacerles saber la clase de días que yo creo que todos hemos tenido.

Este día fue uno donde en medio de veintitantos niñitos, -un grupo con características muy particulares-, ese grupo con el que el personal docente te ve y te da el pésame porque tienes al "peor" (aunque yo nunca lo he sentido TAN así, ósea sí pero no jaja), esa clase de grupo donde tienes que estar al pendiente de TODO, desarrollar tus sentidos al máximo porque a la menor provocación algún niño ya se está comiendo un juguete, ya se está bañando con el agua del garrafón o algo así. 

Entonces todo comienza cuando yo muy tranquilamente me disponía a hacer una clase de repaso de los medios de comunicación utilizando un juego en la computadora, para ello conecté el proyector y todo ese rollo, estaban sumamente emocionados, el juego estaba siendo un éxito y les encantó la idea de utilizar la computadora y sobre todo me estaban platicando muy bien en lo que consistía cada uno de los medios de comunicación, fue entonces cuando comienzan a levantarse, gritar, correr a la pantalla, etcétera... comencé muy tranquilamente a tratar de ir mencionando: "fulanito, siéntate por favor", "perenganita, guarda silencio", "chiquitito, acomoda tu silla", pero nada funcionaba... se sentaban unos y se levantaban otros, se callaban unos y gritaban otros y es entonces cuando en mi intento desesperado para que me hicieran caso, recurro a algo que en el fondo sabía que no funcionaría pero no sabía que saldría peor de lo que esperaba jaja: al CHANTAJE.  Comencé a decirles que yo ya me iba, que ellos no querían trabajar y un montón de cosas... y me pasó como cuando te peleas con tu novio y te vas y el individuo no va detrás de tí pero además te dice: "Que bueno que ya te fuiste" jajaja... comenzó una vocecilla pilla a decir "que se vaya, que se vaya" y después alguien más vivillo dijo: "sí que se largue" aún recuerdo la expresión de su cara de cuán divertido le resultaba. 

Empecé a sentirme muy triste, muy impotente, muy mal. Terminé de guardar las cosas del proyector y comencé a llorar no me pude contener... de pronto una niña me vio -de las desordenadillas que no se sentaban- y me dice con cara burlona "maestra, parece que estas llorando" jajaja y mejor me fui a sentar. Estando sentada los estuve observando detenidamente, traté de explorar dentro de mí lo que me entristecía, ¿era que me hubieran corrido? -no... ¿era que no se pusieran en paz? -no... ¿era que yo los quisiera tener quietos y ellos estuvieran indispuestos a hacer mi voluntad? -definitivamente NO. Observé muy bien como es que estaban corriendo, como se subían a las sillas, como gritaban, como se divertían y sólo me paso por la cabeza: "adoro su vitalidad, definitivamente no los quiero como zombis",  fue ahí precisamente donde reparé en que lo que me tenía así era mi incapacidad o incompetencia para encontrar la manera de llegarles a esos niños con conductas disruptivas, de no saber como lidiar con lo que pasa en sus cabecitas, de no hacerles ver que yo quiero que sean felices siempre pero que también hay momentos para regularnos... ahí estaba mi impotencia, que entre yo y mis alumnos había un abismo de empatía, que ellos no me entendían ni yo a ellos. Una vez resuelto esto, me levanté y fui uno a uno a pedirles muy atentamente que se sentaran, los más conscientes y empáticos estaban muy preocupados e incluso trataban de pedirles a los demás que se sentaran pero no lo lograron, cuando hubo un poco de más orden les cuestioné: 

¿A qué creen que vengo yo? y alguien contestó: a enseñar... ¿yo soy su mamá? -nooooo... entonces yo no tengo porque pedirles que se porten bien, ni venir a regañarlos ni a enojarme... tampoco vengo a que me digan "que bonita, maestra", ni a que me quieran... yo vengo a traer actividades lo más divertidas para que puedan aprender y divertirse a la vez y ya. 
Todos estaban muy serios y hasta parecía que estaban reflexionando, en ese momento la maestra titular llegó y yo ya me tenía que ir porque tenía cita en el dentista, entonces salí corriendo jaja. El resto del día me sentí medio mal, pero hubo padres de familia quienes sus hijos e hijas les comentaron lo ocurrido y me mandaron mensaje diciéndome que ya no estuviera triste, lo cual me reconfortó bastante, ¡ver que les importas a tus alumnos no tiene precio :)!

Al día siguiente asistí con mi asesor y le conté toda mi travesía y me dijo lo siguiente:
"¡Órale, qué interesante! Hay muchas personas a las que les importa poco esta clase de cosas y ni siquiera les afecta, Lulú, esto solo habla de lo mucho que te importa y no está mal.. será interesante verlo en tu documento, no dejes de ponerlo, ni en el diario."

Así que sí, esta experiencia me ayudó a darme cuenta de lo mucho que me interesa hacer las cosas bien, de cuanto me importa el hacer un buen papel en la vida de mis alumnos y que ellos puedan confiar en mí o que recurran a mí cuando lo necesiten.
Me daba un poco de penita* contar esta experiencia, pues no es nada grato que te corran tus alumnos ... pero si algo he aprendido con ellos es que, aunque son muy inteligentes y saben que esta bien y lo que esta mal, muchas ocasiones cometen sus actos sin dolo y sin darse cuenta de sus alcances, entonces no hay porque engancharme, al día siguiente llegué como sí nada y el niño de la foto me pidió perdón, -el pobresillo* no hallaba donde meterse jaja-, me causó mucha ternura.

Dentro de la docencia como en cualquier profesión, siempre habrá esta clase de días, los días que queremos eliminar de nuestra memoria, los grises, los que no nos gusta contar... pero es natural a todos nos pasa y lo importante es transformarlo, lo peor que puede pasar es que llores delante de tus alumnos como yo jaja... y que te den más y más ganas de prepararte para ser más competente, buscar estrategias de todo tipo para que puedas hacer un buen papel. Nunca pierdas de vista que si algo te preocupa es porque realmente te importa y eso no está mal, es solo cuestión de conocernos muy bien para identificar qué es lo que nos tiene inquietos y lo que podemos hacer al respecto :) y bueno, después del desahogo me voy a hacer mi flamante diario ¡wujuuuuuuuuu!, sí así son las tardes de educadora.

¡Gracias por leer!




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